La segunda edición de esta cita reunió a más de 5.000 visitantes en Santander y consolida un escaparate de quesos y bebidas artesanas de producción limitada que rara vez cruzan las fronteras de la región
El imaginario colectivo asocia Cantabria a la excelencia de sus anchoas y sobaos, pero el panorama gastronómico de la comunidad esconde una riqueza artesanal que, hasta ahora, resultaba casi invisible para el visitante nacional. El festival de quesos y bebidas artesanas de Cantabria «Tardíu» celebrado el pasado fin de semana en la céntrica Plaza Alfonso XIII de Santander, rompió esa barrera al reunir las elaboraciones de pequeños productores que no suelen tener hueco en los lineales de las grandes superficies fuera del ámbito local. Este evento combina gastronomía, demostraciones, talleres, degustaciones y música en directo.
Con más de 5.000 asistentes en su segunda edición, el evento ha registrado un incremento de público del 25 % respecto a su debut, confirmando el tirón del turismo gastronómico de proximidad. Durante tres días, 24 productores locales han ofrecido una inmersión directa en la Cantabria rural a través de más de 50 referencias exclusivas. El balance demuestra la demanda de estos productos cuando están disponibles, ya que se despacharon cerca de 6.000 pinchos de queso y 5.000 bebidas.
El valor diferencial de Tardíu reside en el contacto directo con el artesano. Detrás de esta muestra se encuentra el empuje de dos colectivos clave que, a su vez, se integran en la Oficina Agroalimentaria de CEOE CEPYME Cantabria. Por un lado, la asociación Cantabria Quesera, que reúne a proyectos familiares y sostenibles como El Carmen Lácteos, Granja Cudaña, Granja Quesería El Pendo, La Jarradilla, La Lleldiría, La Pasiega de Peña Pelada, Quesoba, Siete Villas, Javier Campo, Lebanes, Río Corvera, Río Deva, Quesería Tasugueras, Tresgallo, Las Garmillas, Quesos de Ruesga y Quesos El Bardal. Su propuesta permitió a los visitantes poner rostro a oficios muy duros y de producción muy limitada, trasladando a la capital el resultado de meses de maduración en rincones montañosos como Liébana o los Valles Pasiegos.
Por otro lado, el colectivo Cantabria Brinda articuló la oferta líquida del festival, demostrando que en el norte también se destila y se fermenta con maestría. En sus filas militan proyectos de bodegas, destilerías, sidrerías y cerveceras como Bodega Bahía de Santander, Bodega Hortanza, Miradorio Bodegas, Picos de Cabariezo, Sel D’Aiz, Camesía, Casona Micaela, Viña Carmina, Pago Casa del Blanco, Bodega y Destilería Cayo, Sierra del Oso, Orulisa, El Coterón, La flor de Limón, Destilería Siderit, cervezas Dougall’s, Rocker Beer, Redneck Brewery y la sidrería Somarroza.
«El balance de esta segunda edición demuestra que Tardíu es una iniciativa que funciona, que despierta el interés del público y, sobre todo, que ofrece a los productores una oportunidad para dar a conocer sus productos, acercarse a nuevos consumidores y ampliar sus oportunidades de mercado», ha afirmado Paloma Fernández, responsable de la Oficina Agroalimentaria de CEOE CEPYME Cantabria. Su testimonio resume el espíritu de un festival que invita a recorrer la orografía de la región a tragos y bocados, al que también se sumaron firmas invitadas como Patatas Vallucas, originaria de Valderredible.
Para el visitante foráneo, Tardíu se perfilará en sus próximas ediciones no solo como un mercado de venta directa, sino como el epicentro de una escapada otoñal idónea. La posibilidad de catar in situ un vino dulce lebaniego, un queso picón de Bejes o un licor de limón de Novales, por ejemplo, convierte a este festival en una brújula indispensable para descubrir la nueva vanguardia agroalimentaria del norte de España.





