Giocamondo Study, operador italiano de referencia en viajes de estudio y programas educativos internacionales con más de 20 años de experiencia, constata un cambio de paradigma en el sector: las experiencias en el extranjero han dejado de percibirse como un gasto puntual para consolidarse como una inversión educativa estratégica, en línea con el auge sostenido de la movilidad internacional
El negocio de viajes de estudio al extranjero atraviesa una fase de crecimiento sostenido impulsadas por un cambio estructural en la demanda que está redefiniendo la forma en que las familias entienden la educación. Giocamondo Study, operador italiano de referencia en viajes de estudio y programas educativos internacionales con más de 20 años de experiencia, constata un cambio de paradigma en el sector: las experiencias en el extranjero han dejado de percibirse como un gasto puntual para consolidarse como una inversión educativa estratégica, en línea con el auge sostenido de la movilidad internacional.
En este contexto, y según el estudio El impacto económico de los estudiantes internacionales en España, elaborado por APUNE y SEP, España ha reforzado su papel como destino global tras atraer a más de 600.000 estudiantes internacionales durante el curso 2022-2023, generando un impacto económico de 6.345 millones de euros.
«En la actualidad, España reúne las condiciones para convertirse en uno de los mercados más relevantes en la educación internacional en Europa, no solo por la demanda, sino por la madurez creciente del perfil de las familias», comenta Stefano de Angelis, CEO de Giocamondo Study. «El reto ahora no es solo crecer, sino estructurar una oferta cada vez más cualitativa, con altos estándares de calidad, seguridad y personalización, capaz de responder a un entorno global más competitivo».
El auge de la educación global consolida un mercado en plena expansión
Lejos de ser un mercado homogéneo, el sector engloba distintas líneas de actividad (desde el año escolar internacional hasta las estancias lingüísticas o los campamentos de verano) que, en conjunto configuran un ecosistema educativo en expansión.
Uno de los indicadores más relevantes que proporciona una dimensión más amplia en el desarrollo de este negocio es el segmento relativo al año escolar en el extranjero donde, según datos de ASEPROCE (Asociación española de promotores de cursos en el extranjero) se prevé que cerca de 20.000 estudiantes españoles participen en programas académicos internacionales en 2026, confirmando la solidez de una demanda cada vez más estructural.
A este segmento se suma el crecimiento del turismo idiomático en España, que actúa como indicador del dinamismo del sector en su conjunto. De acuerdo con datos presentados en el marco de FITUR Lingua, en 2025 se alcanzaron 177.576 estudiantes internacionales en programas de aprendizaje del español en el país, lo que supone un crecimiento interanual del 12,77% respecto a 2024 y consolida una tendencia ascendente. Este flujo generó además un impacto económico estimado de 475 millones de euros, evidenciando la relevancia del sector en términos de actividad económica y posicionamiento internacional.
Campamentos de verano y programas cortos, la base del crecimiento
Dentro de este contexto de desarrollo y crecimiento, los campamentos de verano en el extranjero se han consolidado como una de las principales puertas de entrada a la educación internacional. Su formato flexible y menor barrera de acceso los convierte en una opción cada vez más demandada por las familias que buscan una primera experiencia formativa internacional para sus hijos.
En el caso español, además, se observa una mayor diversidad en la duración de las estancias (que pueden oscilar entre una y cuatro semanas) y un interés creciente por los campus internacionales, valorarlos por su carácter multicultural y su capacidad de generar entornos de aprendizaje inmersivos.
De gasto puntual a inversión, el cambio de mentalidad
El crecimiento experimentado por el sector no se explica únicamente por el incremento de la demanda, sino por una transformación más profunda en la forma de entender estos programas. Cada vez más familias dejan de percibir estas experiencias como un gasto puntual para considerarlas una inversión estratégica en la educación y el futuro profesional de sus hijos.
Este cambio es especialmente visible en productos como el año escolar en el extranjero, considerado un servicio premium que combina formación académica, desarrollo personal y acompañamiento integral. Lejos de tratarse únicamente de una experiencia lingüística, este tipo de programas se consolidan como itinerarios formativos completos que influyen de manera significativa en la madurez del estudiante.
En este contexto, el valor ya no se mide únicamente en términos de ocio o experiencia temporal, sino en el desarrollo de competencias clave como el dominio avanzado del idioma, la autonomía personal, las habilidades sociales, la resiliencia o la capacidad de adaptación a nuevos entornos culturales y académicos. Este enfoque refuerza la idea de que la educación internacional se percibe cada vez más como una herramienta de crecimiento personal y profesional a largo plazo.
España, un mercado estratégico en Europa
España se posiciona como uno de los mercados con mayor potencial dentro del ámbito de la educación internacional, y el año académico en el extranjero se ha consolidado como una opción cada vez más habitual dentro del itinerario educativo. Según datos de ASEPROCE, entre 16.000 y 18.000 estudiantes españoles cursan cada año parte de su formación fuera del país, una cifra que refleja la normalización de estas experiencias dentro del sistema educativo familiar español.
La demanda española hacia programas de educación internacional sigue concentrándose principalmente en destinos anglófonos —Reino Unido, Estados Unidos, Canadá e Irlanda—, aunque se observa una evolución progresiva hacia experiencias más personalizadas, con mayor peso de la calidad del programa, el acompañamiento del estudiante y la adaptación a objetivos formativos concretos.
Asimismo, España se encuentra entre los países europeos donde más ha crecido la percepción de la educación internacional como inversión educativa de largo plazo, en lugar de gasto puntual. Este cambio se apoya en factores estructurales como el aumento de la inversión familiar en formación, la profesionalización del sector y la creciente importancia de las competencias transversales (idiomas, autonomía, habilidades sociales y adaptabilidad) en el mercado laboral global.
A esto se añade la digitalización del proceso de decisión, que ha transformado la manera en que las familias comparan, evalúan y contratan programas educativos internacionales. Este cambio ha ampliado el acceso a la información, facilitado la comparación de propuestas y reforzado la atención a aspectos como la seguridad, la asistencia y el acompañamiento durante toda la estancia, elevando así el nivel de exigencia del mercado.
En conjunto, estos elementos refuerzan el posicionamiento de España como un mercado en expansión dentro del ecosistema global de la educación internacional, caracterizado por una demanda más exigente, informada y orientada al valor formativo de la experiencia.






