Los arquitectos de Castilla-La Mancha llevan su reflexión sobre el patrimonio al Congreso Mundial UIA

El Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla-La Mancha presentó en Barcelona el audiovisual «Entre patrimonio y arquitectura. Tres años de reflexión desde Castilla-La Mancha» y promovió un debate que reivindicó el papel de los arquitectos en la conservación del patrimonio, la necesidad de divulgar la arquitectura contemporánea y la implicación de la ciudadanía como garantía de su protección. La participación se completó con una exposición de ocho obras representativas de la arquitectura regional

El Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla-La Mancha (COACM) llevó al Congreso Mundial de Arquitectos UIA 2026 el pasado 30 de junio una reflexión construida durante los últimos tres años sobre la manera de entender el patrimonio en el siglo XXI. Lo hizo con la proyección del audiovisual «Entre patrimonio y arquitectura. Tres años de reflexión desde Castilla-La Mancha», realizado por Leonor Martín Taibo, y con una mesa de debate que reunió a profesionales de reconocido prestigio para analizar los retos que afrontan la conservación, la intervención y la divulgación del patrimonio arquitectónico.

Paralelamente, el COACM mostró en el espacio expositivo del Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España (CSCAE) ocho obras representativas de la arquitectura castellanomanchega de las últimas décadas, completando una presencia que unió reflexión y arquitectura construida.

Después de la proyección, la decana del COACM, Elena Guijarro, moderó un diálogo en el que participaron el director de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Alcalá, Manuel de Miguel, y el presidente de la Fundación DOCOMOMO Ibérico, Juan Antonio Ortiz Orueta, durante años, también vicepresidente del CSCAE. El debate partió de las conclusiones recogidas en el documental, fruto de las Jornadas de Patrimonio que, bajo el epígrafe «Entre patrimonio y arquitectura», ha celebrado el COACM en Toledo —tres fachadas del patrimonio arquitectónico de Castilla-La Mancha, en 2024—, Cuenca —nuevos usos para viejos espacios, en 2025— y Sigüenza —el Paisaje Cultural: un valor a proteger, en 2026—, para proyectarlas hacia un escenario internacional en el que patrimonio, arquitectura, paisaje y sociedad fueron abordados como realidades inseparables.

El patrimonio necesita arquitectos, pero también una sociedad que lo conozca
Durante la apertura del acto, Elena Guijarro recordó que las Jornadas de Patrimonio del COACM nacieron con el propósito de reforzar el papel de los arquitectos en la gestión, protección e intervención sobre el patrimonio. «Queríamos lanzar este mensaje a la sociedad, pero también a los propios arquitectos. La importancia de que tomemos las riendas en la intervención y en la defensa del patrimonio es imprescindible», afirmó antes de la proyección del documental.

El audiovisual sintetizó el recorrido iniciado en Toledo, continuado en Cuenca y culminado en Sigüenza, tres ediciones que han ampliado progresivamente la reflexión desde la conservación del patrimonio histórico hacia la reutilización de la arquitectura existente y el paisaje cultural como una nueva dimensión de la protección patrimonial.

Sobre esa base, la mesa redonda amplió el foco hacia uno de los asuntos que más preocupan actualmente a los especialistas, la necesidad de proteger también la arquitectura contemporánea y del Movimiento Moderno. Juan Antonio Ortiz Orueta defendió que conservar el patrimonio no significa inmovilizarlo, sino permitir que siga formando parte de la vida de las ciudades mediante intervenciones rigurosas y compatibles con nuevos usos. «La capacidad patrimonial de un edificio también se demuestra cuando es capaz de adaptarse a otros usos», señaló, al tiempo que advirtió de la progresiva pérdida de presencia de arquitectos en algunos órganos encargados de decidir sobre las intervenciones patrimoniales.

El actual presidente de la Fundación DOCOMOMO Ibérico insistió además en la importancia de acercar la arquitectura contemporánea a la ciudadanía. «Es más difícil transmitir el valor del patrimonio moderno y generar ese orgullo de pertenencia. En eso, la labor de las universidades y de los colegios de arquitectos resulta imprescindible», afirmó, reivindicando la necesidad de que la sociedad incorpore también la arquitectura del siglo XX y XXI a su concepto de patrimonio.

Difundir también es conservar
Uno de los momentos más destacados del debate llegó con la intervención de Manuel de Miguel, quien propuso una reflexión sobre el propio significado del patrimonio. El director de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Alcalá defendió que un edificio solo alcanza plenamente esa condición cuando confluyen dos reconocimientos complementarios. «Para que algo sea patrimonio tienen que darse, al menos, dos condiciones. El valor que le otorga el conocimiento científico y el valor que le reconoce la sociedad como algo propio», explicó.

A partir de esa idea, De Miguel defendió que la protección del patrimonio no depende únicamente de las normas o de la calidad de las intervenciones, sino también de la capacidad para divulgarlo y hacerlo comprensible. «Nuestro trabajo consiste en hacer posible que esas dos condiciones se encuentren. Que exista investigación, pero también que la sociedad conozca, comprenda y valore su arquitectura», afirmó.

El director de la Escuela de Arquitectura reivindicó igualmente una mayor presencia de la arquitectura en la formación de los ciudadanos, convencido de que solo el conocimiento genera aprecio y, en consecuencia, voluntad de conservación.

Esa reflexión encontró continuidad durante el turno de preguntas, en el que hubo diferentes e interesantes aportaciones de los presentes. Por ejemplo, el presidente de la Demarcación de Ciudad Real del COACM, José Antonio González Baos, lamentó que la arquitectura apenas tenga presencia en la enseñanza obligatoria. «De arquitectura prácticamente no se enseña nada. Como mucho, historia de la arquitectura. Y, sin embargo, vivimos permanentemente dentro de ella», señaló.

Como ejemplo de la importancia de la divulgación, González Baos expuso el trabajo que desarrolla la Fundación Miguel Fisac para acercar la figura del arquitecto manchego a la sociedad. Explicó cómo la difusión de su legado ha contribuido a cambiar la percepción ciudadana sobre edificios que durante años pasaron desapercibidos o incluso fueron cuestionados, poniendo como ejemplo la rehabilitación de la antigua Casa de Cultura de Ciudad Real. «Sí se puede reivindicar la arquitectura y el patrimonio moderno y contemporáneo», concluyó, convencido de que la difusión constituye una de las mejores herramientas para garantizar su conservación.

Ocho obras para explicar la arquitectura de Castilla-La Mancha
La participación del COACM en el Congreso Mundial UIA se completó con una exposición integrada en el espacio del CSCAE que reunió ocho obras representativas de la arquitectura desarrollada en Castilla-La Mancha durante las tres últimas décadas.

La selección incluyó las Escaleras Mecánicas de Recaredo y el Archivo de Toledo; el Teatro Auditorio Buero Vallejo y el Centro de Ocio de Mayores de Azuqueca de Henares; el Teatro Circo de Albacete; el Centro Ars Natura de Cuenca; la Residencia Santa Marta de Alcázar de San Juan y la Piscina Municipal de Santa Cruz de los Cáñamos.

Mientras el audiovisual mostraba la evolución de la reflexión desarrollada por el COACM en torno al patrimonio, la exposición permitía contemplar algunos de los ejemplos más representativos de la arquitectura regional reciente, estableciendo un diálogo entre teoría y práctica, entre conservación y creación contemporánea.

Antes de clausurar el encuentro, Elena Guijarro animó a mantener vivo el trabajo iniciado hace tres años y anunció que las conclusiones del debate tendrían continuidad en la mesa organizada al día siguiente por la UNESCO y la UIA. «Intentaremos seguir con estas jornadas y llevar estos criterios allí donde se debata el futuro del patrimonio», afirmó.

La presencia del Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla-La Mancha en el Congreso Mundial UIA 2026 permitió así trasladar al principal foro internacional de la arquitectura una reflexión nacida en la región y construida desde la experiencia profesional, la investigación y el compromiso con la conservación. Un mensaje compartido por todos los participantes resumió el sentido de la jornada, proteger el patrimonio exige conocimiento, buena arquitectura y una sociedad capaz de reconocer como propio aquello que merece ser legado a las generaciones futuras.

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